Bienestar + acceso a la información = interoperabilidad

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David Sanguino Cotte, MD, MSc

El reto de garantizar simultáneamente la atención del paciente y la sostenibilidad de los sistemas de salud está determinado por el desarrollo de la interoperabilidad: si los sistemas no conversan, los recursos se diluyen.

El incremento de los costos en salud a nivel mundial ha aumentado vertiginosamente en los últimos 20 años, llegando a límites preocupantes, sin embargo, el impacto de esta inversión en la salud pública es poco visible. Esta situación es crítica y ha recibido la atención de voceros de múltiples sectores sociales y económicos, quienes han concluido que una de las posibilidades para enfrentar este crecimiento y proveer de una forma equilibrada los servicios de salud a las personas, es con el uso inteligente de la información alojada en los diferentes sistemas.

Interoperabilidad se le denomina a la capacidad de intercambiar datos o información detallada entre diferentes sistemas utilizando estándares de comunicación entre ellos. Debido a las grandes diferencias en el grado de sistematización y automatización de los procesos y la información asociada a estos en los actores que intervienen en el proceso sanitario, la interoperabilidad permite de alguna manera igualar los datos que se almacenan en cada sistema y facilitar su procesamiento.

A menudo los hospitales tienen un desarrollo heterogéneo de sus sistemas iniciando con los modulares y especializados como los softwares de Radiología y Laboratorio, que utilizan estándares internacionales altamente establecidos para salud como lo son: HL7 (Health Level Seven), DICOM (Digital Image and Communication in Medicine) y LOINC (Logical Observation Identifiers Names and Codes), y continúan con plataformas propias o adquiridas en las cuales se registran los datos clínicos y administrativos de los pacientes usando en estos casos estándares no exclusivos de salud como el XML.

La necesidad de interoperar, como se ha descrito hasta ahora, primero es interna y se soluciona con recursos de la misma organización. Luego, cuando se plantea una estrategia para una comunicación fluida entre los diferentes actores del sistema de salud, se requiere la intervención de un ente superior que regule y promueva la apropiación de herramientas que permitan la interoperabilidad en los servicios de salud, proporcionando seguridad, eficiencia y transparencia en el uso de la información sanitaria.

Los gobiernos han percibido la importancia de realizar estos ajustes. Sin embargo, las campañas para introducir estos cambios han dado resultados variables, en gran medida dependen de la capacidad de influir en la decisión final de los actores en los sistemas de salud y de las fortalezas tecnológicas del entorno donde se promueven. A nivel local, la política PAIS (Política de Atención Integral en Salud) y las RAIS (Rutas de Atención Integral en Salud) invocan la generación de estrategias similares que promuevan la implementación de estas prácticas y la integración en redes de servicios de salud.

La relación entre el beneficio para el paciente y para el sistema de salud se deriva del uso potencial que tiene el análisis en tiempo real de la información allí alojada. Con un sistema interoperable se gana en oportunidad y eficiencia al facilitar los recursos de información que se requieren para la atención del paciente de forma oportuna, y al reconocer en estos procesos de atención los patrones que lo rigen se pueden orientar hacia una mejor gestión de los recursos por parte del sistema.

En la percepción general en el sector salud mundial, sus integrantes, entre hospitales, clínicas, prestadores, aseguradores y reguladores, coinciden los beneficios otorgados a la interoperabilidad en sus áreas de influencia. Sin embargo, la concreción de estas iniciativas para lograr esa masa crítica entre los diferentes actores, más allá de la motivación interna, se obtiene sólo con la presión o regulación del sector o el Gobierno.

Los obstáculos más frecuentes evidenciados están vinculados con el valor de la inversión necesaria para hacerlo, los riesgos de seguridad sobre la información y una regulación no clara sobre este proceso. Con respecto a estos puntos, los proveedores de tecnología cada vez más ofrecen en su portafolio soluciones exclusivas para el sector salud que incluyen de forma nativa la capacidad de interoperar bajo estándares internacionales y, adicionalmente, debido al escalamiento de estas tecnologías, sus costos han bajado y sus capacidades se han incrementado.

Sin embargo, ni en las tecnologías ni en los sistemas se puede olvidar que el fin último es el paciente y su bienestar, más que en la generación de datos y estadísticas, que los desarrollos están pensados en y para ellos, en esas personas que es indispensable que conozcan su historia clínica y de esta manera se incentive su confianza y sean agentes activos en su proceso de recuperación, en la adhesión a los tratamientos y en su autocuidado. Si se empoderan de sí mismos y se cuenta con la trazabilidad de su récord clínico, es más eficiente y eficaz su acceso al sistema de salud, lo que lleva a una ejecución organizada. Además, si se logra cubrir gran parte de la población con estas buenas prácticas se reflejará en una salud pública pensada y proyectada. Los desarrollos informáticos deben augurar un futuro mejor.

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